Hoy en día, las mamás y los papás cada vez nos damos más cuenta de que nuestras hijas e hijos necesitan tanto o más comprender sus propias emociones y las de los demás, como saber de lengua o de matemáticas. Es lo que se conoce como la Educación Emocional, un mundo amplio y prometedor del que estamos cada vez más concienciados desde que en los años 90 Daniel Goleman escribiera su libro La Inteligencia Emocional y pusiera la educación tradicional de los test de inteligencia en cuestión y patas arriba.
Que significa de verdad el éxito personal de un/a estudiante? Sacar las mejores notas en las disciplinas tradicionales? O ser feliz porque es capaz de comprender y comunicarse con los demás y consigo misma/o y de esa manera resolver y superar los conflictos o las dificultades que la vida le ha puesto por delante?
Creo que la respuesta es evidente, aunque lo mejor, lo óptimo, sería no tener que elegir.
No quiero decir que haya que dividir toda la historia entre cabeza y corazón, no.
Lo que quiero decir es que, muchas veces, esas dificultades académicas que observamos se desatascan trabajando lo emocional.
O que, la verdad, si me dan a elegir, prefiero invertir mi tiempo como profesora o como madre en tratar a la persona antes que a la / el estudiante.
Y todo ello sin renunciar a saber que el ser humano es maravilloso y tiene Inteligencias Múltiples por desarrollar.
Así que por estos temas comenzaremos nuestras andanzas en este blog!
Todavía recuerdo la carta - manifiesto que escribí después de leer a Goleman para despedirme de aquella ONG: si no atendemos las necesidades afectivas y emocionales de las niñas y niños con que tratamos, da igual todas las clases particulares que les demos.
Estoy a punto de volver a leer el mismo libro casi 20 años más tarde, ya os contaré!!

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